>

Novedades

 

Falleció el Dr. Amadeo Barousse

Actualidad Argentina | 16.04.2012

Con profunda tristeza, debemos comunicar el fallecimiento de uno de los seres más queridos de nuestra familia juandediana. El Dr. Amadeo Barousse murió el domingo 15 de abril a las 18 hs., en el Hospital San Juan de Dios de Ramos Mejía.


Su cuerpo fue velado en la capilla del Hospital y trasladado esta tarde al cementerio de Morón para su cremación.

Hoy al mediodía, celebramos una Misa parar orar por su eterno descanso. La capilla del Hospital desbordó de gente. Muchos fueron los amigos, compañeros, colegas, familiares, conocidos, Hermanos, Colaboradores y Voluntarios que se acercaron para brindarle una emotiva despedida y una muestra sin igual de cariño.

Hace menos de un año, el 30 de junio de 2011, los Hermanos le habían entregado con afecto y gratitud la Carta de Hospitalidad y lo hicieron partícipe de los bienes espirituales de la Orden, animándolo a continuar manteniendo vivo su espíritu de solidaridad.

En aquella ocasión, el Dr. Hugo Patarca lo acompañó. En el mismo acto, ambos recibieron la Carta de Hermandad. Los dos fueron reconocidos por los Hermanos de San Juan de Dios como personas que comparten sus ideales en favor de los enfermos y de quienes padecen cualquier forma de sufrimiento o marginación. Los Hermanos reconocieron en nuestros dos queridos doctores obras de amor y un espíritu de solidaridad a favor de los pobres y necesitados, manteniendo de esta forma viva la presencia de Cristo compasivo y Misericordioso.

En esta ocasión, queremos recordar las palabras que pronunció el Dr. Barousse al recibir la Carta de Hermandad. Qué descanse paz quien ya está estrenando su “butaca en el Cielo.”


Palabras de agradecimiento del Dr. Barousse al recibir la Carta de Hermandad

Muchas gracias Hermanos por entregarme esta Carta de Hermandad que me compromete a guardar fidelidad a la Orden y a sus principios.

Yo soy católico. Nací en el seno de una familia católica. Mi padre era un hombre de la Iglesia; tenía el convencimiento de que las ideas tanto religiosas, como políticas o sociales debían defenderse desde las instituciones. Ocupó muchos cargos en organizaciones de la Iglesia, al final de su vida fue presidente de Caritas Nacional.

En mi juventud, yo, pertenecía a la Acción Católica Argentina, pero luego creció en mí el convencimiento de que era más importante dar testimonio de mi catolicismo en el seno de instituciones no confesionales.

Así fue como a poco de recibirme de médico, comencé a trabajar en investigación clínica en un ambiente de inquietudes no sólo científicas, sino también humanísticas en el que tuve que enfrentar muchas discrepancias sin pudor.

En 1971, fui presidente de la Sociedad Argentina de Investigación Clínica y allí debí dar mi testimonio de católico y adquirí simultáneamente un poco de poder.

Ese mismo año fui designado asesor del ministro de Bienestar Social en el orden nacional y nuevamente debí defender mis principios e incrementé un poco mi poder.

En 1972, comencé mi jefatura del servicio de clínica médica del Hospital Alejandro Posadas y la ejercí durante 18 años; más testimonio y siempre un poco de poder.

En 1984, fui designado en dos instituciones; en la Fundación Revista Medicina como presidente y en este Hospital como director médico. Más exigencia de testimonio y otro poco de poder.

Por esta trayectoria puedo afirmar que soy católico, un católico militante. Pero Patarca es un cristiano; me imagino a Patarca parado, con los brazos cruzados y sin reloj como siempre, al pie de la montaña donde Jesús predicaba su famoso sermón, e imagino a Patarca impregnándose de las palabras de Jesús para toda la vida: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque ellos es el Reino de los Cielos, bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra (la tierra dijo Jesús, no el cielo), bienaventurados los pacíficos porque serán llamados Hijos de Dios, bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia.”

Yo soy un católico militante, pero Patarca en un cristiano.

Esto es tan evidente que en esta Casa todos los religiosos, las religiosas, los sacerdotes y aún los obispos quieren atenderse con Patarca.

Hace años que mi vida y la de Patarca están entrelazadas. Lo conocí de muy joven cuando él accedió a un cargo de médico residente en el Hospital Posadas y luego de su brillante desempeño al cabo de tres años lo designamos jefe de residentes, ya hacía guardias y otras cosas en este hospital.

Cuando en 1984, los Hermanos deciden desarrollar prioritariamente el área de pacientes agudos, Patarca sugiere mi nombre para ejercer la dirección. Y así fue como una noche salimos a cenar a un restaurante de la zona cuatro personas: el Hno. Matías Domínguez, el Dr. Fernandez Pereiro Manuel, el Dr. Hugo Patarca y yo. Acepté el ofrecimiento y puse como única condición que me permitieran incorporar a dos médicos de mi entorno para sentirme acompañado por un pequeño equipo y así fue como comencé a trabajar con Daniel Manigot, Horacio Dorado, Hugo Patarca y Oscar De Riso que ya estaba en la institución y ya sabía de su capacidad y formación hospitalaria.

Más que ejercer la dirección, trabajaba en la asistencia, convencido de que lo primero era instalar una buena medicina. Siempre sostuve que un buen gerenciamiento médico puede mejorar una buena medicina, pero un buen gerenciamiento médico no puede mejorar una mala medicina.

Trabajamos internamente y el hospital crecía; por suerte en 1989 apareció Martha Sastre, que tenía mucha experiencia como secretaria ejecutiva en ambientes médicos y me ayudó a ejercer las tareas administrativas indicándome continuamente lo que debía hacer: firme aquí, vaya al ministerio, acérquese al colegio médico, etc.

Pero en 1992, cuando ya asistíamos a 12.000 pacientes por mes, me sentí desbordado y no suficientemente capacitado para lo gerencial y propuse a los Hermanos que aceptaran mi renuncia al cargo de director y nombraran en mi reemplazo al Dr. Hugo Patarca, asignándome a mí el cargo de Coordinación de Docencia e Investigación. En realidad lo que me importaba era la instauración del sistema de residentes, lo que se concretó en 1994 con la ayuda invalorable de Daniel Manigot y todo el apoyo de Patarca. Tuvimos la gran suerte de conseguir a Marcel Clavier que recién terminaba su jefatura de residentes en el Hospital Argerich, quien tenía el carisma que nosotros buscábamos.

Posteriormente, Hugo Patarca fue trasladado a Hurlingham como director y años después volvió a Ramos Mejía, y desde entonces integró ese valioso grupo de clínicos que llevan adelante el servicio de clínica médica, que es el servicio que organiza el entramado del Hospital y vincula a los especialistas con las demandas que exige el trabajo diario: Marcel Clavier, Osvaldo Diz, Silvia Hojenberg y Hugo Patarca manejando a los residentes son los garantes de una buena medicina.

Cuento todo esto para justificar lo que dije antes: mi vida médica y la de Patarca han estado durante años fuertemente entrelazadas.

Y ahora le pregunto a Patarca ¿Cómo sigue el juego? … yo me atrevo a proponerle a Parta una cosa, ya que desde hoy tenemos esta Carta de Hermandad que tanto nos prestigia, por qué no intentamos -intentamos digo- sacar butacas juntos en el cielo.





Además:


- COVID-19: Estado de situación en las Casas de la Orden Hospitalaria - Nueva carta del Superior General
- "Somos religiosos consagrados a la hospitalidad"
- Crónicas educativas en tiempos de pandemia con el carisma hospitalario juandediano
- La vida en el postulantado de la Orden Hospitalaria en Luján
- 10 de junio: Beato Eustaquio Kugler, OH